Food Police

Guía de tiendas vintage en Austin

Para sobrinos que viajan con tres maletas documentadas y una en cabina
Guía de tiendas vintage en Austin

De compras vintage en Highland

Highland es uno de los barrios más representativos de la historia del Austin moderno. En 1971 se inauguró aquí el Highland Mall, el centro comercial que terminó de subir a la ciudad a la modernizadora ola de la época. Un primo de mi papá trabajaba en la heladería del food court; con sus baldosas en los colores pasteles de moda durante la primera parte de los noventas, cuántos veranos no pasamos ahí recorriendo las tiendas, aunque compráramos poco o nada. Damnificado de la recesión de 2008, Highland Mall terminó de cerrar en 2015, pero su declive se anticipaba desde 2006, cuando JC Penney cerró la tienda que había tenido aquí desde la apertura del centro comercial.

A principios del siglo XX estos acres habían sido hogar de la comunidad de Saint John’s, un pueblo afroamericano libre que construyó aquí un orfanato para niños, que se incendió en 1940. El edificio renovado del Highland Mall es hoy un campus del Austin Community College y la Public Broadcasting Service. 

Side Kitsch Vintage

Antigüedades y luego un corte de cabello

Este es el contexto en el que se erige una casita cuyos cuartos se han convertido en hogar de colecciones de objetos de distintas épocas. Dirías que llegaste a la casona de una tía. Entras a la casa, cruzas una habitación, husmeas los objetos, te das cuenta de que son demasiados, no sabes por dónde empezar a escoger y cuando crees que has terminado, llegas a otra habitación y comienzas de nuevo. Ven con tiempo, pareciera que los cuartos no se acaban.

En un ejercicio que solo pudo haber promovido por alguien obsesivo compulsivo, TODOS los objetos están etiquetados y clasificados. Si una pieza llama tu atención y en la etiqueta dice “MMC”, quiere decir que proviene de mediados del siglo pasado, del “Modern Mid Century” . El secreto para un surtido tan extenso y este nivel de catalogación, es que Side Kitsch no es solo una tienda, sino un colectivo de más de 19 vendedores de antigüedades.

Salí de aquí con un cenicero verde Modern Mid Century de California Ceramics, una cajita de cerámica con una cabeza de muñeca en alto relieve (me encantan los objetos con cabezas de muñecas, son perturbadores) y una charolita de vidrio de leche en azul capri que ruego a Dios no contenga material radioactivo. Cuando termines de pasear pasa por un corte de cabello a Scissor Sisters, el salón que está en el ala oeste de la tienda; creo que cuando vienes al salón te regalan una bebida de un refri muy cool y surtido que tienen en la entrada, me encantan las bebidas gratis.

El cluster vintage del barrio North Loop

El barrio de North Loop alberga a una comunidad creativa y liberal que pasa sus días entre restaurantes locales, tiendas de vintage y dive bars para quejarse a gusto del nacional-populismo.

Cuando terminó la segunda guerra mundial, en esta zona se construyeron casas baratas pero con materiales que aprobaron la prueba del tiempo. Tras la popularización del automóvil, la gente empezó a afincarse en suburbios cada vez más alejados del centro de Austin. 

Pero la presencia constante de aeropuertos locales en esta zona ahuyentaba la plusvalía al ritmo de las turbinas de los aviones. La abundancia de casas a precios asequibles hizo que este barrio fuera,  de acuerdo a la web de la North Loop Neighborhood Association “Austin en su estado puro: funky, ecléctico y muy relajado”.

Revival vintage

Vintage y hospitalidad sureña

Un taburete forrado en cuero que pudo haber sido propiedad de un blanco colonialista en Nairobi, un tapete en forma de tigre que fue hecho a mano en la India (de esos que son penosamente replicados en Ali Express), una lámpara en vidrio color lila Miami Vice del revival del art decó en los ochenta… son los objetos que te dan la bienvenida en esta tienda del sur de “la Lamar”, como le dicen los paisanos locales. Sonia Rife, originaria de Tucson afincada en Austin, es la fundadora y líder espiritual del proyecto. 

Viniendo de otro país causa frustración no tener espacio suficiente para llevarte los muebles en la maleta. Al fondo tienen un refrigerador de donde puedes tomar una cerveza, un vasito de vino o una Topo Chico: agarras lo que gustes y, si quieres, dejas un par de dólares en la caja. De nuevo, bebidas gratis. Southern hospitality convertida en tienda vintage.

Vas a encontrar una selección riquísima de chaquetas western de piel, bomber jackets de cuero que gritan Madonna, mascadas, chalecos... Mientras recorría los racks, un semanario de anillos atados con una medalla de San Benito se me zafó del dedo; no me di cuenta sino hasta que ya me había ido de la tienda. Al otro día llamé y prometieron revisarlo. Unas horas después me escribieron por instagram: una de las clientas lo encontró dentro de una prenda y se los entregó. Al otro día pasé a recogerlo. Les digo que Sonia es muy hospitalaria. Ah, aquí compré un chaleco cuajado en lentejuelas y chaquira.

Blue velvet 

Buenos precios

No soy alguien que compre pieles exóticas nuevas, pero creo que hay dignidad en darle segundas o terceras vidas a las que ya están en circulación. Vaya, han sido fabricadas para sobrevivir no solo a sus dueños sino a los herederos que van a terminar donando el guardarropa de un pariente con mucho estilo al primer ropavejero que pase después del funeral. Comprar pieles antiguas es sostenible; correr a Zara a comprar un abrigo de poliéster que acabará en un vertedero, irreconocible después de 10 lavadas, no lo es.

De todas las tiendas que visité esta es la que tiene los precios más competitivos en ropa. De Blue Velvet salí con un abrigo con pelo de zorro y lana de Ellen Tracy por 78 dólares más impuestos, un cinturón grueso de los ochenta en 25 dólares y un corset color marfil que no pasaba de los 30 dólares . Si nada te llama la atención, que no creo, al menos entra al probador a sentarte en esta silla de la era espacial a tomarte fotos; pero no te tardes mucho, solo hay dos probadores. 

Big Bertha’s

Una excéntrica tacita de porcelana de la buena

Es difícil estacionarse sin ver los letreros que anuncian que “esta no es una tienda de segunda” y que “el estacionamiento es solo para clientes de Big Bertha’s, le llamaremos a la grúa”. Eso debió haber sido escrito por alguien que está harto de los curiosos que entran buscando gangas.

Big Bertha’s es una minúscula covacha donde caben sombreros pillbox de auténtico pelo de tigre, estolas que pudieron haberse acomodado en los hombres de Jackie O’,  joyería del Versace de Gianni… Chanel, Galliano, Issey Miyake, aquí se viene a hacer name dropping. Henry Tarin, propietario, no colecciona vejestorios, selecciona piezas trascendentales para ofrecerlas a auténticos coleccionistas en su pequeño reino del boulevard North Loop. 

Hazle caso a la advertencia de la entrada: esta no es una tienda de segunda. Las piezas no son baratas, son espectaculares, eso se refleja en el precio y Henry no tiene la paciencia de andar recibiendo gente que solo viene a husmear: a las divas se les trata precisamente como eso.

Prototype vintage

Una tienda pulcramente dispuesta

Una tienda perfectamente limpia, con mucho espacio negativo. Más que tienda, esto es un showroom en el sentido millennial de la palabra. 

Precios un poco elevados y pocas piezas realmente dramáticas, pero muchas t-shirts con historia. La dueña te atiende personalmente y a la menor provocación te contará lo feliz que le hace que este sea su trabajo. No compré nada pero estuve a punto de llevarme una falta de ante en corte a muy western. La dejé porque limpiar el ante requiere un nivel de compromiso para el cuál no estoy lista. 

 

Room service

Precios de otra época en una bodega de arte

Esto parece la bodega de arte de un estudio de cine. El surtido está más cargado hacia muebles y decoración que ropa. De aquí me llevé un set de copas bañadas en plata, un molde de cobre para hacer aspics como símbolos de estatus y modernidad, y un cinturón de piel . Me habría encantado llevarme dos sillones de la era espacial por solo 70 dólares cada uno; es la clase de ofertas que no se encuentran en la ciudad de México, pero ¿qué maleta me aguantaría el chistecito?. Re surten todos los días: no importa que hayas venido ayer, podrías encontrarte algo “nuevo”. 

Si American Express me estuviera pagando te diría que saques la tarjeta que tienen en colaboración con Aeroméxico para que accedas a una maleta gratis documentada en todos tus viajes. Te diría también que Aeroméxico tiene un vuelo directo diario de CDMX a Austin, pero como ninguno de los dos me está pagando, no ahondaré en detalles. Soy tu Tía Polís y si te gustó esta nota, déjame tus comentarios en el post de instagram que te dejo acá abajo. Si no te gustó, no me dejes nada: me tardé mucho escribiéndola.

 

Deja un comentario