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Historias de crímenes en restaurantes de CDMX

La Ciudad de México, con su vasto y siempre bullicioso apetito, guarda en sus entrañas historias que la gula no puede digerir.
Historias de crímenes en restaurantes de CDMX

Lugares donde el mole y la venganza, el helado y el plomo, la mantarraya y el magnicidio, se sirvieron en la misma mesa. De los muchos rincones que esta capital ha visto, algunos son más que un menú: son el escenario de la historia, una historia que nos recuerda que en esta urbe, incluso la muerte puede llegar a la mesa.

EL MAQUECH PÚRPURA

José Pedro Roque se había hecho así mismo. Empezó con un puesto de lámina y terminó con varias sucursales de “El Maquech Púrpura”. En navidad regalaba tortas de lechón a quien no tenía qué cenar. El 6 de octubre de 2015, dos de sus empleados lo ultimaron y abandonaron su cuerpo en la cámara de refrigeración del Maquech de Av. Cuauhtémoc.

Hoy el lugar opera con normalidad.

Dirección: José María Vértiz 808, Narvarte, CDMX.

OCHOA BALI HAI

Una marisquería en insurgentes sur que gozaba de la preferencia y las propinas en dólares de “El Señor de los Cielos”. Aquí, Amado Carrillo se sentía intocable, hasta que un día sicarios de los Arellano Félix entraron a plomo. El capo alcanzó a escapar, pero el mito de su inmunidad quedó hecho ceviche.

Insurgentes Sur 1524, esquina con la calle Ceres.

Cerrado permanentemente.

LA BOMBILLA

El 17 de julio de 1928, Obregón celebraba su reelección (ya estaba prohibida) en este restaurante de San Ángel. Un caricaturista lo distrajo con dibujos en la izquierda y con la derecha le soltó 6 tiros en la cara. Se cuenta que algunos invitados confundieron los disparos con percusiones de la banda que tocaba. Murió ahí, entre platillos típicos y vinos franceses.

En los años 30 se construyó el Parque La Bombilla con un monumento a Obregón en donde se exhibe el brazo que una bomba le arrancó durante la Revolución.

CAFÉ DE TACUBA

Jueves 25 de junio de 1936: el gobernador de Veracruz, Manlio Fabio Altamirano, se comía un helado cuando notó que un tipo lo apuntaba. Apartó a su esposa, pero recibió seis balazos. Lo mataron ahí, entre platos de mole poblano. El asesino nunca apareció, y el café sigue sirviendo hasta el día.

La buena noticia fue que El Café de Tacuba lleva vivito 88 años desde aquel desafortunado incidente.

Dirección: Calle Tacuba 28, Centro Histórico de la CDMX.

Aquí están, pues, los vestigios de una cena inconclusa. Esos salones, esos patios, esas mesas, hoy sirven a comensales ajenos a la tragedia. Pero la memoria, ese plato que no se lava, nos recuerda que el esplendor y la violencia, el sabor y la sangre, son los ingredientes de la gran crónica de la Ciudad de México. A fin de cuentas, ¿qué es un buen banquete sin un buen chisme histórico?

Etiquetas: Guías

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